Conill es un despoblado cercano a
Tárrega al que me llevó mi amigo
Ramón Oromi, gran conocedor de la zona.
A pesar de ser un lugar bastante popular no tenía noticias de él, por lo que la invitación ha sido todo un acierto.
Por un acuerdo antiguo, en el pueblo no se permitía edificar más casas de las que ya había y que ocupaban cinco familias: los de "cal Cinca", "cal Frare", "cal Palau", "cal Pont" y "cal Vilafranca".
Según me cuenta Ramón, los primogénitos heredaban la propiedad y el resto debían abandonar el pueblo, aunque a principios de los 80 parece que ya todos marcharon.
De la visita al núcleo se deduce que tuvo un fuerte impulso constructivo en la segunda mitad del siglo XVIII, y otro a principios del XX.
Su iglesia se construyó en el 1702 dedicada a la Mare de Deu del Roser, pero hay noticias de este poblado desde el siglo XII por lo menos.

Sobra decir que el pueblo lo forman solamente cinco grandes casas rodeando una plaza.

Su iglesia está vandalizada como gran parte del pueblo, sin embargo conserva una capilla con un altar y una decoración barroca de curiosos detalles, y ciertas pinturas casi borradas en su ábside.



Puestos de pie en la plaza vemos las dos primeras casas. Sus grandes dinteles y otros detalles nos hablan de un poderío económico inusual para la época.

El interior de las casas está muy derruido pero se constata la reutilización de grandes losas de piedra que a mi no me encajan a priori en el lugar donde se sitúan, como estas que hacen de base a una pared. Sin embargo Ramón afirma que ha visto otras paredes así en la zona.


También encontramos ésta gran pica monolítica soportada por dos ménsulas en lo que fue la cocina.

Accedemos a la parte trasera de las casas para llegar al rincón más bonito del pueblo, donde un portal nos muestra el gran trabajo en piedra que aquí se hizo.



Tras la puerta que ven se encierra uno de los depósitos de aceite que aun se conservan.

Las losas que lo cubren son de gran tamaño ya que su diámetro supera los dos metros, puede decirse que son inamovibles.

Se aprecian en las casas remiendos de distintas épocas.


Aquí podemos apreciar el bajante de una letrina(de cerámica con vidriado interno), que desemboca a los corrales.


Esto que ven es el suelo de un piso visto desde abajo, está formado por pétreos monolitos de una consistencia patente. Superan cada uno de ellos el metro largo de longitud, y tienen una anchura aproximada de 50 centímetros por otros 15 de grueso. Es fácil que cada uno de ellos supere los 200 kilos.

Una de las casas contaba con cierta galería en su parte alta.

Nótese como los arcos son un remozo en ladrillo, mientras que sus bases son de piedra hasta las impostas.

La parte norte del pueblo la ocupaban los corrales, un camino antiguo que la vegetación señala unía el pueblo con un redil cercano, donde según me cuenta Ramón se alojaba el ganado del pueblo.

Esto es uno de los antiguos gallineros.

Hemos visto dos casas de las que cabe decir que son las que mejor conservan las antiguas estructuras, veremos otras dos que sufrieron una seria remodelación a principios del siglo XX.
Se aprecia en éllas un tapiado antivisitantes que ha resultado inútil tras los derrumbes lógicos y el expolio de la piedra que aquí se ha producido.
La menos moderna, a la derecha de la imagen, está muy derruida, casi por completo, ha perdido casi toda su fachada que descansa junto al horno de pan que vemos en el centro.

En los bajos de la casa se hallan estos sólidos contenedores de contundente factura.

Algunos alicatados...

...otros con un pequeño cerrojo.

Y más abajo todavía un pequeño túnel nos lleva a la bodega, que la forman practicamente dos cavidades en la roca.
En una de éllas por increible que parezca, todavía hay una bota y algún tonel.

Así como una boca del depósito de aceite.

Y ya en la planta noble suelo de baldosilla y decoración en las paredes.


Y hornacina para la imagen.

La casa más moderna se edificó sobre una antigua y sus bajos (bodega, establo, aljibe, etc) no tienen nada que ver con la parte superior, que contaba con una galería y terrazas adelantadas anterior y posterior, pozo y luz eléctrica, de ésta última hay rastro en todas las casas.

Notará el avispado observador como el recorrido de la canalera hasta el pozo revela la necesidad de acopio de agua en ésta tierra.

De hecho, el agua de todas las cubiertas del pueblo se recogía desde antiguo según testimonian otras canalizaciones en piedra en varias partes del núcleo.

Entramos por aquí...

Y esta es su lujosa entrada, piensen que esta casa es el 20% del pueblo.
Poner timbre y mirilla en un pueblo de cinco casas roza el surrealismo pero bueno, da también algo en qué pensar.

La casa era muy amplia y luminosa. Aun se ven cabeceros de las camas en una habitación.

La cocina llegó a ser muy moderna y tuvo agua corriente.

Aunque el mueble rinconera y el hogar revelan la época del antiguo esplendor de la casa.


En la terraza trasera vemos la boca cuadrada del pozo junto a la pica.

Un pozo que todo y el año de sequía que vivimos tiene agua almacenada.

Y es que el aljibe es muy grande, nótese las losas frisonas que lo cubren. En su parte externa dispone de dos abrevaderos de piedra para caballerías que no vemos en la imagen.

Otro tramo tras la casa discurre asimismo teniendo como piso grandes losas, con otra boca de pozo.

Rodeando el pueblo por el norte podemos acceder a un pequeño establo, donde veremos dos bóvedas en piedra unidas de perfecta ejecución. Es ésta creo yo una de las partes más antiguas del pueblo.

Poco antes de llegar al pueblo se encuentra su cementerio, cuenta tan solo con cuatro panteones, quizá una familia lo compartió, aunque fuera y enfrentados a éllos se hallan dos nichos, uno profanado.

A pesar de estar el pueblo como ya dije bastante vandalizado y derruído, merece una visita, aunque deberíamos ser bastante más prudentes que el que suscribe.
Las casas están en estado muy precario y no es aconsejable meterse para nada, sin embargo su rústica belleza tiene al menos para mí mucho encanto.
Es un pueblo con muchos detalles por descubrir.
Fotos by N95 8Gb