
Ésta obra maestra de la arquitectura militar europea del siglo X, alberga desde hace diez siglos el único suelo románico conservado hasta hoy en día del que se tenga noticia. Es por éllo y por otros detalles que resulta ineludible su visita.
La sensación que nos invade ante la valla que cierra la pista hasta la torre es de total perplejidad, pues no la vemos en el horizonte. Tratamos de tomar altura dando un paseo en medio de un verdor absoluto, mientras esperamos al guía, pero no la vemos por ninguna parte. Una vez cruzada la entrada, descendemos fuertemente pista abajo, lo que todavía nos descoloca más, y es que la torre está a cota baja.
Para ponernos en situación, vemos en el plano topográfico unidos por una línea los vértices de las montañas que la superan; y en azul, el campo visual del que dispone.

Ésta segunda fase provoca una profunda reforma en la que nos centraremos, dando a la torre un carácter más ofensivo, y añadiendo elementos que la singularizan respecto a las de su tiempo.
Una tercera fase la culmina ya en pleno siglo XI, sobre el a.1050.

La segunda fase la recreció hasta los 30 actuales, elevó la entrada hasta los 7,78 metros, dotando a la terraza de 16 merlones y doce cadalsos intercalados repartidos en dos niveles. Se construye además, aprovechando el forramiento, un cajón de escaleras móviles de acceso directo a los cadalsos.
En la tercera fase, se recrece en grosor y aboveda la primera planta, se aboveda asimismo la planta de defensa, y se construyen arcos diafragmáticos de sostén bajo cada uno de los pisos.
Ya dentro, empezamos a ascender.




Alcanzada la cuarta planta, tenemos ésta prespectiva.




El cajón de escaleras no es apto ni para claustrofóbicos ni menos para indecisos, su verticalidad y estrechez, nos mantendrán literalmente emparedados entre torre y forro durante todo el ascenso en un ambiente asaz sombrío, donde no oiremos otra cosa que no sea nuestra propia respiración.
Aquí vemos el cajón de escaleras con la distribución de las mismas.



Y aquí mirando hacia abajo, desde algo más de la mitad del ascenso.


Estaban unidos entre éllos por un balcón corrido a modo de casamata para cada nivel.

Fueron diseñados para la defensa vertical, ya que no permiten el uso del arco o la ballesta. Su primitivo diseño queda patente por el hecho de formar parte de la fábrica, siendo esto un grave inconveniente en caso de ser incendiados, cosa que los maestros lombardos corrigieron en Fantova, donde aquéllos podían arrojarse de la torre dado el caso.
Si llevamos unos prismáticos con nosotros, veremos como increiblemente todavía en las cajas quedan vigas de los antiguos cadalsos.




Como ya indiqué antes, la torre está a baja cota, con lo que la vista desde la terraza es sobre un bosque fragoroso de salvaje belleza, que no decepcionará a los amantes del senderismo y del contacto con el medio natural.












La visita cuesta cinco euretes que nunca se verán tan bien empleados, se lo aseguro. Un gran cartel junto al aparcamiento ofrece información sobre la torre y el entorno,(en catalán, claro). A pesar de que, según el guía la torre recibe muchas visitas, el entorno está muy limpio y bien conservado.
Es conveniente asegurarse vía teléfonica de la apertura del recinto ya que puede sufrir variaciones. Normalmente sucede el primer domingo de cada mes.
Pueden ver en video, filmado por el que suscribe, siguiendo éste enlace a Youtube. parte del descenso de la torre, y tener una idea más clara de lo que es ésta maravilla.
Y aquí, un video sobre el proceso de rehabilitación.
Para saber más sobre detalles técnicos de la torre:"La Obra maestra de la arquitectura militar de los reinos y condados hispanos del siglo XII" de Bernabé Cabañero Subiza.(Profesor titular del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza).
Visita que les recomiendo efusivamente, y al que no se atreva a subir, yo mismo le guío y acompaño, por que yo aquí tengo pensado volver.
No me digan que no es hermosa...
