domingo, 16 de diciembre de 2012

Nadie en Claravalls


Claravalls es otro de aquellos despoblados que se te cae el alma al suelo, o más abajo incluso, de ver lo que se pierde. Ya no sólo por su conjunto de iglesia y casa fuerte, sino por el tipismo de su arquitectura rural.
Su calle única a la que se accede traspasando un portal se me presentaba tal que así hace casi dos años.

Alguien debería decirlo ya de una vez: Claravalls es precioso.

Tres grandes casas forman cierta placeta a la entrada del núcleo.

El dintel de una de éllas señala la fecha que ven junto a ciertos grafitis.

Por aquí se entra a la calle.

Afortunadamente ésta vez la he encontrado totalmente despejada de maleza e incluso se ve alguna paletada de cemento en algunos sitios.

La calle forma un ángulo recto para dirigirse a la iglesia.

Las dos casas que hay frente a élla y lo que fue la casa fuerte están seriamente dañadas. Aun puede verse una bota en los bajos.

La imagen que da esta iglesia románica castrense es la de la desolación.

Es de nave única y tiene una capilla en el lado norte y dos en el sur. La pila bautismal yace rota por el suelo.

La segunda capilla sur presenta un reciente derrumbe de su techo que no estaba en mi última visita, mal vamos...

Por la primera capilla sur se accedía a una sacristía más moderna que se cubrió con bóveda de arista, se ven en las esquinas restos de los arranques.

Visita recomendada donde las haya, ya no sólo por lo visto, sino porque este lugar es un mirador sobre la Ribagorza con unas panorámicas muy interesantes.

Produce tristeza ver el abandono de este lugar, donde el tiempo parece detenerse y los ecos del medievo resuenan por doquier. 


2 comentarios:

lilithduerme dijo...

... lo has dicho de una vez, poermiteme que lo diga dos veces: "Claravalls es precioso" "Claravalls es precioso"... si lo repetimos como un mantra tal vez no acabe de caer aquello que vemos herido de muerte... ¿hay milagros?

Ray dijo...

Después de ver tu reportaje, comparto tu abatimiento, Riviere. Al menos reconforta pensar que esas piedras ancentrales se han visto acompañadas y queridas, a tu paso, por un alma sensible que ahora deja su testimonio con la digna esperanza de ser escuchado.
Gracias.